Utilizar
el cine en las aulas no se hace por simple juego, ni por entretenimiento, ni
tan siquiera como un instrumento didáctico más. El cine tiene el valor en sí
mismo de ser trasmisor de dramas humanos. Desde sus inicios, los relatos que
cuenta el cine han afectado a generaciones de personas mediante sus argumentos,
sus contenidos, sus imágenes y sus ideas. El cine es cultura popular, arte y
espectáculo. Las tramas y los temas del cine pueden y deben ser llevados a las
aulas como elemento reflexivo y, por ende, orientador de comportamientos
Como
todo aprendizaje, el del cine necesita de experiencias, de afectos, de
motivaciones, de reiteración de hechos, de personas que contagien el entusiasmo
y de productos de calidad, entretenidos y lúdicos. Nos introducimos en el cine,
como en todo lo que es cultural de una manera fundamentalmente inconsciente,
pues como todo proceso de aprendizaje, necesita de esquemas de comportamiento
en los que prime la significación, la diversión, la didáctica, la introducción
lenta y serena, la repetición de comportamientos y la satisfacción por los
logros conseguidos.
El
fundamento de la narrativa cinematográfica está en dar a conocer situaciones
humanas. Al cine le interesa algo más que las realidades que muestra un
documental. Al cine le interesa «el drama humano», algo que le pasa a alguien,
con argumento. La ficción debe responder a los caracteres que tiene
forzosamente la vida humana. El cine se adentra, inventa, reproduce o investiga
sobre la vida humana y sus conflictos, acerca de los odios y los amores de las
personas, analizando con detenimiento los mecanismos que mueven a la especie
humana. El cine contribuye al conocimiento de las personas, porque si hay un
elemento diferenciador que determina la actitud ética de un cineasta ante el
relato cinematográfico, éste es la mirada, el punto de vista que adopta y desde
el cual cuenta la historia.

Es una excelente argumentación acerca de las posibilidades del cine en el aula, coincido en que no es una herramienta didáctica más, es un lenguaje particular que nos transporta a otras realidades y nos enriquece promoviendo la emoción y la reflexión.
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